Mi gato tiene frío: dónde duerme un gato en invierno

En cuanto bajan las temperaturas tu gato cambia de sitio. Deja el sofá y aparece encima del radiador, en el hueco entre los cojines, dentro de una caja de cartón o pegado a tu pierna a las tres de la mañana.

No es casualidad ni capricho. Un gato es un animal que viene del desierto y su zona de confort térmico está entre 30 y 38 grados, muy por encima de la nuestra. Una casa a 20 grados, que a ti te parece templada, a él le resulta fresca.

Esta guía va de dónde poner su sitio y qué hace falta de verdad, incluido lo que no hace falta comprar.

Primero: ¿tiene frío de verdad?

Un gato adulto sano, de pelo normal y dentro de casa, aguanta el invierno español sin problema. Hay tres grupos que sí lo pasan mal:

  • Gatos mayores, a partir de los diez años. Se mueven menos, generan menos calor y muchos tienen artrosis, que empeora con el frío.
  • Gatitos de pocos meses. Todavía no regulan bien la temperatura.
  • Razas de poco pelo (sphynx, devon rex) y gatos muy delgados o enfermos.

Las señales de que un gato tiene frío son fáciles de leer: se hace una bola muy apretada con la cola tapándole el morro, busca sitios altos y cerrados, y se pega a cualquier cosa que dé calor. Si además tirita o tiene las orejas y las almohadillas frías al tacto, eso ya no es preferencia: es frío.

La regla de los tres sitios

No pongas una cama. Pon tres sitios distintos y deja que elija. Los gatos cambian de sitio varias veces al día según dónde dé el sol y dónde haya corriente, y el sitio que tú elegirías casi nunca es el suyo.

Los tres que funcionan, por este orden:

1. El radiador (que es donde ya está)

Si tu gato se sube al radiador, ya ha elegido. El aire caliente sube, y ahí arriba es donde más calor hay de toda la casa.

El problema es que un radiador tiene cinco centímetros de ancho y el gato duerme en equilibrio. La solución es darle ese mismo sitio con una cama debajo: una hamaca de radiador (29,90 €) son unos ganchos de metal que se apoyan en la parte de arriba y de los que cuelga una tela suave. Se cuelga sin tornillos y en primavera se pliega y se guarda.

Antes de comprarla, mide tu radiador. Los ganchos están pensados para un radiador de panel normal. Si el tuyo es de hierro fundido muy ancho, o va empotrado en la pared, puede que no agarren. Y si es un radiador eléctrico de aceite que se pone muy caliente por arriba, no la cuelgues ahí.

2. Un sitio con techo

Muchos gatos no duermen en camas abiertas. Se meten debajo de la manta, dentro de una bolsa, en el fondo del armario. Buscan techo, porque un espacio cerrado retiene el calor que ellos mismos generan y además les da sensación de seguridad.

La forma más sencilla de dárselo:

  • Un saco cueva de fleece (29,90 €): entra, se da la vuelta y se queda tapado. Si un día lo prefiere abierto, la parte de arriba se dobla hacia atrás y queda como un cojín. Cuatro tallas; para un gato adulto normal de 4 o 5 kg, la M (48 × 58 cm).

Y la opción gratis: una caja de cartón del tamaño justo, con una toalla doblada dentro, puesta en un rincón sin corriente. A un montón de gatos les vale exactamente igual. Pruébalo antes de gastarte nada: si tu gato ignora la caja, probablemente ignore también la cueva de 30 euros.

3. Su propio calor, sin enchufe

Aquí conviene quitar una idea de la cabeza: las mantas eléctricas para animales son un riesgo innecesario. Un gato duerme muchas horas sin moverse, no puede apartarse rápido si se calienta de más, y los cables son mordibles.

La alternativa sensata es una manta autocalentable (desde 19,90 €), que no se enchufa: lleva una capa reflectante que devuelve el calor que el animal desprende en vez de dejarlo escapar. No calienta por sí sola —si la tocas con la mano está fría—, lo que hace es que el gato no pierda el suyo.

Si buscas algo más simple y para más sitios, una manta de felpa (desde 19,90 € según tamaño) va igual de bien encima del sofá, dentro del transportín o en el asiento del coche, y se mete en la lavadora.

Lo que importa más que la cama: dónde la pones

Puedes comprar la mejor cama del mercado y que no la mire. La colocación decide casi todo:

  • En alto. El aire frío se queda abajo. Una cama a la altura del suelo, en un pasillo, es el peor sitio posible.
  • Sin corriente. Comprueba las rendijas de puertas y ventanas. Una corriente fina y constante es peor que un ambiente frío.
  • Donde ya duerme. Esto es lo que más falla. No le pongas la cama nueva en un sitio nuevo: ponla exactamente donde ya se tumba. El sitio lo eligió él hace meses.
  • Con vistas. Un gato quiere ver la habitación desde donde duerme. Un rincón de espaldas a la puerta no le vale.

Y si no la usa los primeros días, no la muevas todavía: frota la cama con una toalla que tenga su olor, o pon dentro algo suyo. Suele resolverse solo en una semana.

Cuatro cosas que no hacen falta

  1. Subir la calefacción por él. Sale carísimo y no lo necesita: con un sitio bueno le basta.
  2. Ropa. Salvo en razas sin pelo o por indicación del veterinario, a la mayoría de gatos la ropa les molesta más de lo que les abriga.
  3. Manta eléctrica. Explicado arriba.
  4. Una cama enorme. Un gato duerme hecho una bola de unos 30 cm. Una cama demasiado grande no retiene el calor y no la usa.

Dos cosas de salud que sí importan en invierno

El gato mayor deja de moverse. Si tu gato pasa de los diez años y este invierno sube menos, salta menos o duerme mucho más, no lo achaques solo al frío: la artrosis felina es muy común y casi nunca se diagnostica, porque los gatos no cojean, simplemente dejan de hacer cosas. Hay tratamiento y funciona. Coméntaselo al veterinario en la próxima revisión.

Con la calefacción beben menos y el aire reseca. Vigila que siga bebiendo. Los gatos beben poco de por sí, y una orina más concentrada favorece los problemas urinarios. Si notas que va mucho al arenero, o poco, o con esfuerzo, al veterinario.

Resumen

  1. Un gato adulto sano no pasa frío en casa. Los mayores, los gatitos y los de poco pelo, sí.
  2. Pon tres sitios y deja que elija; no uno.
  3. Si ya se sube al radiador, dale ese sitio con una cama debajo.
  4. Si se mete debajo de las mantas, lo que quiere es techo: cueva o saco.
  5. Manta autocalentable sí, manta eléctrica no.
  6. En alto, sin corriente y donde ya dormía.
  7. Prueba primero con una caja de cartón y una toalla. Si eso le gusta, lo demás también.